LUIS SOTO

Por qué y para qué escribimos?

Un libro no acabará con la guerra ni podrá alimentar a cien personas, pero puede alimentar las mentes y, a veces, cambiarlas. Paul Auster

Muchas veces los autores se hacen esta pregunta fatídica e insubstancial: ¿Para qué escribimos?

Como si en esta vida uno tuviera que dar explicaciones o justificar cada acto. Sería como si el resto, -que no escriben, por ejemplo- se preguntaran para qué caminan, para qué respiran, y una larga lista de preguntas.

No obstante, dado que no estoy exento de estar dentro de las generales de la ley… y de las contradicciones humanas, también me la he planteado.

La primer respuesta que me llega, trivial por lo obsesivamente frecuente, es que escribimos para superar el escollo de la muerte; para perpetuarnos en las palabras. Respuesta que no me satisface del todo. Busco otras… me acosan decenas, algunas demasiado estereotipadas. Escojo las más significativas. Significativas para mí… El hombre es el único animal que escribe…

El libro que he escrito está ahí afuera, en mi exterior, diciendo yo soy un otro…

Quizás sea la materialización de un sueño, o la materialización del terror… de un mensaje escrito en alguna parte. Desde esta óptica pienso que funciono como un decodificador… Tal vez pueda explicarlo apelando a Carl Jung y a su idea de un inconsciente colectivo. En este punto creo firmemente en una energía de la cual emanan las ideas. Cuando uno escribe ha tomado contacto con esa fuente de la energía.

Soy y seré un escritor de terror. Nada armoniza más conmigo que esa definición simple.

Para mí, escribir es recrear un universo paralelo y acechante al alcance de la mano. Un mundo que nos mira desde la biblioteca, o desde la mesa de luz o desde la pantalla. Alguien me dijo, “la tapa del libro te llama, te atrapa… te da ganas de leerlo” Y sí, yo creo que el terror llama, atrae, estimula. Llama, atrae y estimula como ninguna otra cosa. El terror, el suspenso, el misterio. Esos son los campos por donde me muevo más cómodo.

En mi primera novela, revelo muchos detalles de arqueología blíbica por ejemplo, que reuní con los años. Cada vez que miro el libro, se asoman fragmentos de esa historia bastante original que es Mensaje en la Piedra. Alguna vez definí lo que hacía como poner una caja en las manos de otros para que les estalle en las manos. “Mensaje” llega a un punto de estallido, que es el efecto más buscado por un escritor de terror. Stephen King sabría de lo que estoy hablando… Peter Straub también…

Mensaje no es una historia remanida de terror o ciencia ficción. Poco tiene que ver con los relatos repetidos, casi calcados de películas americanas donde ocurre una invasión y la trama se establece sobre una lucha contra las fuerzas invasoras.

Son muchas las historias que toman como propio el trabajo de otros. Pongo de ejemplo la serie televisiva estadounidense LOST, basada en ideas sustraídas del Señor de las Moscas de William Golding, con pinceladas aterradoras aquí y allá al estilo descriptivo del Lovecraft de1920… en esa serie hasta los bosques susurran… como susurraron antes… en “El color que cayó del cielo”.

Creo que si hay una idea original en Mensaje en la piedra, es que la invasión es originaria… no hay salida ni puede ser contrarrestada. Tampoco el personaje principal habla o lo explica, porque se reserva protagonismo para el final…

Volviendo al tema de ¿por qué escribimos? ¿Para qué publicamos? En mi caso no lo hago para jugar con las palabras, ni para construir un discurso. No se trata de eso, sería demasiado arrogante quien sostuviera una posición como esa. Sencillamente porque no somos dueños de las palabras, ellas están aquí desde antes que nosotros, y seguirán estando siempre.

Por otro lado, – y éste es un error en el que caen muchos que creen ser escritores- la dimensión de la palabra no es la misma en la literatura que en el habla cotidiana. La palabra en un escrito tiene la intensidad, la fuerza y la dimensión psicológica llevada a su máxima expresión. Eso es lo que la distingue del lenguaje diario, de lo contrario dos personas charlando en una bar estarían escribiendo una novela.

Las palabras para mí son solamente un vehículo, una herramienta de la cual servirme. No más que eso. Pero las palabras en las historias contadas, tal como yo lo veo, tienen ese plus de significación del que hablo.

Para responder a esas preguntas también puedo apelar a una leyenda contemporánea del terror, autor de historias fundamentales como Candyman y Heillraiser, me refiero a Clive Barker cuando afirma:…

“I am a man, and men are animals who tell stories. This is a gift from God, who spoke our species into being, but left the end of our story untold. That mystery is troubling to us.”

Creo que cuando uno escribe deja un mensaje, lanzado allí afuera en las librerías para que el mundo no pierda el tiempo entre la superficialidad y la banalidad de una existencia consumista. Suceden cosas alrededor nuestro, e ignorándolas sólo demostramos nuestra impotencia de no poder explicarlas. Apenas demostramos que somos animales sumisos ante un mandato: no preguntarás…

No estamos solos, es parte del mensaje, en realidad… nunca estuvimos solos. Tampoco sabemos la naturaleza exacta de “aquello” o “aquellos” que nos acompañan…

La Biblia y Darwin poco o nada tienen que decirnos al respecto. Tal vez haya más que descubrir en los entretelones de la guerra de Irak… que leyendo testimonios inciertos de nuestra historia antigua.

Escribimos para reconstruir el origen, creo que ahí está la fórmula. Reconstruir el origen es también una manera sutil de predecir nuestro final.

Tal como advierto en las palabras inciales del libro. “las piedras mencionadas existen, y las escrituras también, desde largo tiempo esperan ser descifradas…” Recientemente me enteré con cierta satisfacción que ya hay un reconocimiento oficial por parte de autoridades del Paraguay acerca de la importancia de un grupo de cuevas con escrituras rúnicas en la localidad de Guayrá, aunque también sé que no son las únicas en su territorio, y que las hay también en Brasil y en Chile.

Si algo más puedo decir sobre esta novela, es que he descifrado parte de un mensaje al otro lado de un universo inquietante.

Porqué escribimos? Creo que lo hacemos porque nuestra imaginación tampoco tiene límites. Al igual que el universo. Escribimos… porque todavía estamos en la búsqueda de respuestas. No hay certezas… lo mío como todo intento es una aproximación.

Buenos Aires, Setiembre del 2006

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